Los rabiosos chilenos

El libro usted probablemente ya lo leyó. Ese en donde Zavalita y Ambrosio se plantean en el Bar Catedral de Lima “¿cuándo se jodió el Perú?”, la emblemática y obsesiva pregunta que caracteriza a “Conversación en la Catedral” de Vargas Llosa. Una pregunta que ha permitido a historiadores, ensayistas y políticos peruanos revisar las razones que torcieron el destino de una nación aporreada.

Chile hace tiempo que está también bien aporreado. No en indicadores económicos o cifras de desarrollo humano, sino en espíritu de convivencia. No hay duda que esa sensación de ausencia de convivencia sana se reflejó la semana pasada con motivo de la acusación constitucional en contra del ahora ex ministro Harald Beyer. Una acusación injusta, como fue también injusta hace unos años la acusación que terminó con la destitución de la ex ministra Provoste.

Y por eso mismo es que a varios se les ha visto parafraseando al premio Nobel para ahora preguntarse ¿cuándo se jodió Chile? Hace sólo una década se decía que a Chile le sobraba institucionalidad y le faltaba ciudadanía. Que por eso era bienvenido que los chilenos en los últimos años manifestaran de manera pública y organizada sus posiciones. Lo que nadie previó es que en esa misma década se desplomó la confianza en las instituciones (políticas, religiosas, sociales) y se generó una creciente crispación social.

Por estos días me he acordado mucho de otro libro que me marcó en mi adolescencia. Es “Miedo en Chile”, de Patricia Politzer. Escrito durante la época del régimen militar, contiene un conjunto de entrevista a líderes chilenos de opuesta opinión política. Comenta en el prólogo que “en todas las entrevistas en algún momento de la conversación surgió el temor. En algunos era miedo a los militares, en otros al caos y el terrorismo, a la cesantía, al soplonaje, a la represión de la DINA, al comunismo”. Lo fantástico del libro es que busca demostrar con las historias personales e ideologías diversas como a todos los mueve el mismo sentimiento y eso facilita el empatizar con los que piensan distinto. Es probablemente esa comprensión colectiva de los miedos de los distintos sectores políticos lo que permitió, creo, una transición democrática tan existosa.
Por eso es que en momentos de crispación política como la actual valdría la pena intentar hacer un ejercicio similar al de Patricia Politzer, identificando cuál es el factor que mejor interpreta el actual momento de crispación política y social en el país. Así quizás podemos empatizar mejor entre los chilenos ¿Y qué cruza hoy a la sociedad chilena? Claramente ya no es el miedo, sino la rabia: con los políticos inescrupulosos, con las empresas que abusan, con los desórdenes de los encapuchados. En fin, motivos hay tantos como los millones de chilenos que somos.

Pero con una sociedad que está permanentemente enrabiada se hace difícil convivir y que decir de ponerse de acuerdo. Por eso es que partir por superar la rabia debiera ser preocupación prioritaria en el tono de las propuestas planteadas por los candidatos a la presidencia. Bienvenidos entonces los líderes que logren patear el tablero y propongan cambios de estilo y de fondo para superar el crispado ambiente nacional.

Los rabiosos chilenos lo necesitamos urgentemente