Directores ansiosos

El occidental saludo del apretón de manos se utiliza desde la Edad Media. Su origen tiene mucha lógica: los caballeros para saludarse se “daban” la mano contraria al lugar donde llevaba la espada, que solía ir colgada a la izquierda. Así, al ofrecer esa mano, el contrincante se aseguraba de que éste no iba a sacar la espada de repente para atacarle. De seguro que esta costumbre social permitió mantener a raya los siempre volubles niveles de testosterona de muchos caballeros dispuestos a batirse a duelo frente a cualquier amenaza.

Pero no siempre las normas legales logran ese objetivo de reducir la ansiedad. Mire, por ejemplo, lo que está ocurriendo en materia de gobierno corporativo, en particular el debate relevante que se está produciendo acerca de los alcances del deber de cuidado que deben emplear los directores en el ejercicio de su rol fiduciario.

El deber de cuidado es la exigencia que establece la ley para un director en cuanto a que debe ejercer su función con la diligencia que los hombres emplean ordinariamente en sus negocios propios. Pero está el desafío de entender con claridad que es “ordinariamente”. Por significado conceptual es “lo común, regular y que sucede habitualmente”, todas categorías que no reflejan una conducta o un estándar específico a la cual ceñirse.

De esta porosa categorización surgen algunas incertidumbres para un director: ¿cuánta desconfianza debe considerarse en su rol de control de la administración?; ¿cuántas horas debe dedicar a la preparación de las sesiones y seguimiento de acuerdos?¿es la preocupación por el control de gestión o generar valor a la compañía su preocupación central?; en fin, ¿cuánto involucramiento directo en las decisiones de la compañía debe considerar para demostrar un cuidado “ordinario”?
Por cierto que es ineludible que los directores actúen siempre diligentemente, demostrando que realizan su rol fiduciario a nombre de los accionistas de manera correcta. Pero al mismo tiempo, debemos estar conscientes que los humanos funcionamos en base a incentivos y que esta incertidumbre conductual puede generar externalidades negativas inesperadas en el funcionamiento de los directorios. Por de pronto es posible prever dos efectos negativos.

Primero, aumentará la aversión al riesgo de los directores, pues tenderán a hacer una planificación estratégica y un plan de negocios con niveles de riesgo inferiores al que eventualmente le convendría al interés de los accionistas. Y segundo, al aumentar la incertidumbre los directores tenderán a blindar sus decisiones con el respaldo de infinitas opiniones legales y de expertos, situación que no sólo encarecerá la gestión sino que la hará derechamente menos eficiente.

Reconozcamos que la realidad no es exclusiva de Chile. La evidencia muestra que hace ya algún tiempo que en USA y Europa resulta difícil encontrar directores disponibles para asumir en las compañías. Por tres motivos: creciente carga de trabajo del director; aumento en el  riesgo de afectar reputación personal por causa de fraudes en la administración; y aumento en el riesgo de afectar su patrimonio personal en caso de responsabilidad de la compañía. Mala noticia

Nadie podría dudar de la importancia del accountability por parte de los directores. Pero está claro que tenemos pendiente encontrar el sucedáneo del apretón de manos para el deber de cuidado exigible.

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