¿De qué nos vamos a arrepentir?

Imagino que como a muchos, la triste tragedia del accidente en Juan Fernández me ha hecho reflexionar. Como un humilde admirador del liderazgo que Felipe Cubillos estaba imprimiendo a “Levantemos Chile”, el accidente me ha hecho repasar no sólo la obviedad del valor de la vida, sino sobre todo en qué desafíos uno tiene la responsabilidad de involucrarse.Esta inquietud la complementé con la provocadora ponencia que un profesor de la Universidad de Princeton realizara hace algún tiempo para responder una pregunta: “¿Qué nos reprocharán futuras generaciones a nosotros?”. Su hipótesis central es que, lo que hoy avergonzaría, en un pasado no tan lejano se calificaba transversalmente como evidentes y naturales prácticas sociales. Pone como ejemplo el que se considerara un derecho de maridos y padres golpear a sus mujeres o hijos; que la esclavitud fuese aceptada como el orden natural de la superioridad de alguna raza; o que la homosexualidad fuese una conducta que implicaba sanción de horca.

Y piense ahora en ejemplos de prácticas chilenas de antaño que hoy nos parecen increíbles, cuando no derechamente ridículas. Pensar, por ejemplo, que sólo desde 1949 las mujeres tienen un derecho ciudadano tan básico como votar, o que hasta 1989 la ley chilena considerara a la mujer casada en sociedad conyugal como “incapaz relativa”, dudando abiertamente de sus habilidades intelectuales. Y note que no fue hace tanto tiempo.

Es evidente que, mirado con ojos de la sociedad de hoy, uno se pregunte cómo es posible que la sociedad de hace unos años estuviera tan errada y equivocada. Pero la evidencia empírica y la evolución social demuestra que, con toda certeza, nosotros también seremos sometidos en el futuro al mismo escrutinio y se condenarán con fuerza algunas prácticas que hoy nos parecen razonables.

¿Cuáles? Al menos en su ponencia, el profesor de Princeton opera como futurólogo y da como respuesta cuatro prácticas que considera indefendibles en el futuro: el actual sistema carcelario; la falta de preocupación por el medio ambiente; el tratamiento a los animales en mataderos; y el abandono y enclaustramiento de los adultos mayores.

Lo cierto es que cada sociedad tiene sus propias características, de manera que se podría hacer un listado de qué materias propiamente chilenas nos reprocharán nuestros hijos. Y en mi lista personal al menos nuestra principal tarea pendiente como sociedad sigue siendo mejorar la inclusión social: urbana, educacional y económica.

Pienso en la pendiente inclusión social cuando releo a Enrique Mac-Iver que en 1900 decía “no somos felices; se nota un malestar que no es de cierta clase de personas, sino de todo el país. La holgura antigua se ha trocado en estrechez, la confianza en temor, las expectativas en decepciones. El presente no es satisfactorio y el porvenir aparece entre sombras que producen la intranquilidad”.  Un texto más actual que nunca… 111 años después.

Felipe, me recordaste que sin desafíos nos arrepentiremos en el futuro y que la responsabilidad de la inclusión está pendiente. Muchas gracias.
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